Existen muchos ambientes en la Tierra en los que no hay oxígeno, y, sin embargo, viven bacterias en ellos, las bacterias anaerobias.
La respiración, a nivel celular, consiste fundamentalmente en la ruptura de enlaces químicos obteniendo así la célula la energía necesaria para su funcionamiento. Con esta ruptura se produce una liberación de electrones, que deben ser aceptados por alguna molécula para completar el proceso.El proceso de reducción más conocido, la respiración aeróbica, utiliza oxígeno molecular (O2) y glucosa (cuya fórmula resumida es C6H12O6), y acaba liberando agua (H2O) y dióxido de carbono (CO2). Éste es el que nosotros utilizamos, y en él es imprescindible el oxígeno.
Las bacterias anaerobias viven en ambientes sin oxígeno, luego tienen que reducir otros elementos, entre los que destacan el hierro (Fe) y el manganeso (Mn).

Pero el reciente descubrimiento del Profesor David Richardson, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de East Anglia, y su equipo, es un mecanismo por el que muchas de estas bacterias consiguen usar minerales con estos elementos para respirar, pero externamente, emitiendo los electrones sobrantes fuera de su cuerpo a través de la pared bacteriana, para que sean aceptados por piedras ricas en estos compuestos, o sea, emiten descargas eléctricas al exterior. Este descubrimiento ha sido publicado recientemente en la prestigiosa revista PNAS.
Según indican los investigadores, esto podría suponer un gran avance en investigaciones sobre pilas de combustible (utilizando como combustible residuos humanos o agrícolas, y a las bacterias como productoras de electricidad), así como en limpieza de medios contaminados con petróleo o con uranio radiactivo (utilizando el petróleo como alimento de las bacterias, o el uranio como posible aceptador de electrones), y en otras líneas de investigación que vengan a surgir.Ver más en Scitech News o en el comunicado de prensa de la Universidad de East Anglia.








